Quería despertar y no podía, me sentía tan pesada, mis párpados, mis manos y brazos eran grandes piedras que pesaban toneladas. Mi cuello paralizado, sonidos lejanos, empujones.
Sin embrago, sabía lo que estaba pasando, yo vivía. Me arrojaban bruscamente al vacío, sentí como el edredón en la cama se deslizaba conmigo, al infinito. La caída no fue menos dramática; el dolor era insaciable, podía imaginar el rojo vivo en el que ardía mi cara por el impacto.
Respiraba, ya no estaba dormida: estaba despierta. Aun así inmóvil. Fui consciente de mi posición. Logré recordar cada detalle de la habitación. Tomé una decisión.
Finalmente cobré fuerzas y me armé de coraje. Estaba exhausta de luchar contra un fantasma. Enfurecí y lo logré: crucé los brazos. Pude despertar, me senté en mi lugar.
No vuelvo a dormir boca arriba. GCA.
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
lunes, 13 de abril de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
Sueños...
COMO QUE ME FALTA UN NUEVO BLOG
Ya no me siento malaventurada y estoy dispuesta a que esto dure mucho...
Un sueño malaventurado:
-Desperté con tierra a mí alrededor, tierra húmeda por todo mi cuerpo, en mi nariz, en mi boca, en mis manos, ya no sentía mis piernas, tenía los labios adormecidos y los ojos irritados, sentía poco a poco la calurosa bienvenida al infierno. La desesperación comenzaba a invadirme, como fui a dar aquí me preguntaba, tenía recuerdos borrosos, más bien solo neblina en la cabeza, no podía recordar nada y sin embargo en el fondo lo sabía todo, era tan confuso. Me faltaba el aliento, poco a poco se me ahogaba la respiración, mis brazos querían luchar, me sentí tan débil, tan vulnerable y tan indefensa, anhelaba una mano amiga. Pensé que podría recordar algún amor, algún hermano, algún amigo, quizás a mis padres, mi mente en blanco, solo quería respirar con dignidad. Por un momento me convencí de que mi vida acababa, comenzaba a imaginar mis restos, cuantos años tardarían en encontrarme, si alguien me recordaría. Comencé a dudar de mi cordura, era un rompecabezas en la mente, la frustración me estaba envolviendo y solo me hacía perder el tiempo, fue entonces que me propuse escapar.
Me encontraba boca arriba, estaba casi inmóvil, me aterraba el hecho de pensar que un movimiento erróneo y todo habría sido en vano, habría perdido todo sentido y tristemente mi forcejeo seria inútil. El peso de la ciudad estaba sobre mí, este ruido me enloquecía, un sonido sordo que llenaba mis oídos, mis gritos mudos, mis movimientos eran torpes, quería volar.
Poco a poco fui retomando la cordura, ganando altura, repentinamente me encontraba boca abajo escarbando hacia la superficie, tragando tierra, si, tragando tierra para abrirme camino hacia el mundo, casi pude recordar el tiempo que viví dentro del vientre de mi madre, extrañamente ahora me encontraba en posición fetal, mis ojos cerrados. Fui ganando fuerza con el simple convencimiento, me decía es mental, es solo mental, no hay barrera que no pueda tumbar
Entonces percibí un rayito de luz, me sentía tan afortunada, una lágrima corrió por mi mejilla para aliviar la resequedad que causaba en mí esta tierra que no era más húmeda. Extendí mi mano y toqué la libertad, el maldito vacío de la libertad. Pude escuchar un grito de horror, no me sorprendió, irónicamente mi sentido del humor me acompañaba y ahora con el éxito tan cerca, imagine la escena desde el exterior, como revivían los muertos.
Así me imagine, renaciendo. Logré sacar ambos brazos y mi cabeza, me esforcé pero mis
pies seguían enterrados y consumidos por la tierra. Vi sombras o luces quizá, tal vez siluetas de colores, pude abrir la boca seca, los labios destrozados, para decir: "Salven a los otros". Ahora sé lo que significó esta frase, en ese momento solo fue lo que parecía natural decir, el instinto, no lo sé. Ya solamente recuerdo miradas de desconcierto aproximándose rápidamente hacia mí, manos sobre mis manos y brazos, frases de consuelo y hasta unas cuantas lagrimas desconocidas en mi cabello, salvándome del horror, acercando mi adolorido cuerpo, mis piernas adormecidas, un abrazo extraño, muchas miradas fugaces.
La luz me cegaba, el teléfono sonaba y le digo: "Eres chocolate", no recuerdo la relevancia del sentimiento, pensaba en la dulzura que nacía en mi corazón, un sueño que parecía real y a la vez una ilusión, recuerdos incómodos pero alejados de mi alma, mi poesía en el ambiente. El cuarto se inundó de una extraña luz, un postre en la mesa, el rojo de mis mejillas, mi ingenuidad, un postre que se desvanecía llevándose mi credibilidad. Parecía todo tan inalcanzable.
La habitación comenzó a elevarse, hojas volaban a mí alrededor, haciendo que mi larga y oscura cabellera cobrara rebeldía, mis brazos querían extenderse pero se detuvieron afortunadamente. Mi vestido se movía en todos los sentidos y comenzaba a elevarme, pronto mis pies se encontraban demasiado lejos del suelo, pensando que siempre había sabido volar, era solamente que habían robado mis alas. Era todo tan desconcertante, pero, no tenía miedo, vi el pasillo, me dirigí hacia él, el peso de mi cuerpo no existía era como una pelusa en el viento, me aproximaba, vi la sonrisa, cerré los ojos.
Mi habitación oscura y helada, mi cama tibia, la luz azul de la pantalla, la luz verde del celular, la puerta abierta del refrigerador alumbraba la casa, sola y tranquila, la alarma suena y abro los ojos nuevamente, en el techo hay como nubes de polvo con la forma de un hada, siluetas de un pasado fastuoso, la tierra a mi alrededor, vaya pesadilla, intentando eternamente escapar. El hada seguía inmóvil en el techo, y el claro de la mañana se aproximaba por la ventana, inundando mis pupilas, las lagrimas que jamás podría olvidar.
Ya no me siento malaventurada y estoy dispuesta a que esto dure mucho...
Un sueño malaventurado:
-Desperté con tierra a mí alrededor, tierra húmeda por todo mi cuerpo, en mi nariz, en mi boca, en mis manos, ya no sentía mis piernas, tenía los labios adormecidos y los ojos irritados, sentía poco a poco la calurosa bienvenida al infierno. La desesperación comenzaba a invadirme, como fui a dar aquí me preguntaba, tenía recuerdos borrosos, más bien solo neblina en la cabeza, no podía recordar nada y sin embargo en el fondo lo sabía todo, era tan confuso. Me faltaba el aliento, poco a poco se me ahogaba la respiración, mis brazos querían luchar, me sentí tan débil, tan vulnerable y tan indefensa, anhelaba una mano amiga. Pensé que podría recordar algún amor, algún hermano, algún amigo, quizás a mis padres, mi mente en blanco, solo quería respirar con dignidad. Por un momento me convencí de que mi vida acababa, comenzaba a imaginar mis restos, cuantos años tardarían en encontrarme, si alguien me recordaría. Comencé a dudar de mi cordura, era un rompecabezas en la mente, la frustración me estaba envolviendo y solo me hacía perder el tiempo, fue entonces que me propuse escapar.
Me encontraba boca arriba, estaba casi inmóvil, me aterraba el hecho de pensar que un movimiento erróneo y todo habría sido en vano, habría perdido todo sentido y tristemente mi forcejeo seria inútil. El peso de la ciudad estaba sobre mí, este ruido me enloquecía, un sonido sordo que llenaba mis oídos, mis gritos mudos, mis movimientos eran torpes, quería volar.
Poco a poco fui retomando la cordura, ganando altura, repentinamente me encontraba boca abajo escarbando hacia la superficie, tragando tierra, si, tragando tierra para abrirme camino hacia el mundo, casi pude recordar el tiempo que viví dentro del vientre de mi madre, extrañamente ahora me encontraba en posición fetal, mis ojos cerrados. Fui ganando fuerza con el simple convencimiento, me decía es mental, es solo mental, no hay barrera que no pueda tumbar
Entonces percibí un rayito de luz, me sentía tan afortunada, una lágrima corrió por mi mejilla para aliviar la resequedad que causaba en mí esta tierra que no era más húmeda. Extendí mi mano y toqué la libertad, el maldito vacío de la libertad. Pude escuchar un grito de horror, no me sorprendió, irónicamente mi sentido del humor me acompañaba y ahora con el éxito tan cerca, imagine la escena desde el exterior, como revivían los muertos.
Así me imagine, renaciendo. Logré sacar ambos brazos y mi cabeza, me esforcé pero mis
pies seguían enterrados y consumidos por la tierra. Vi sombras o luces quizá, tal vez siluetas de colores, pude abrir la boca seca, los labios destrozados, para decir: "Salven a los otros". Ahora sé lo que significó esta frase, en ese momento solo fue lo que parecía natural decir, el instinto, no lo sé. Ya solamente recuerdo miradas de desconcierto aproximándose rápidamente hacia mí, manos sobre mis manos y brazos, frases de consuelo y hasta unas cuantas lagrimas desconocidas en mi cabello, salvándome del horror, acercando mi adolorido cuerpo, mis piernas adormecidas, un abrazo extraño, muchas miradas fugaces.
La luz me cegaba, el teléfono sonaba y le digo: "Eres chocolate", no recuerdo la relevancia del sentimiento, pensaba en la dulzura que nacía en mi corazón, un sueño que parecía real y a la vez una ilusión, recuerdos incómodos pero alejados de mi alma, mi poesía en el ambiente. El cuarto se inundó de una extraña luz, un postre en la mesa, el rojo de mis mejillas, mi ingenuidad, un postre que se desvanecía llevándose mi credibilidad. Parecía todo tan inalcanzable.
La habitación comenzó a elevarse, hojas volaban a mí alrededor, haciendo que mi larga y oscura cabellera cobrara rebeldía, mis brazos querían extenderse pero se detuvieron afortunadamente. Mi vestido se movía en todos los sentidos y comenzaba a elevarme, pronto mis pies se encontraban demasiado lejos del suelo, pensando que siempre había sabido volar, era solamente que habían robado mis alas. Era todo tan desconcertante, pero, no tenía miedo, vi el pasillo, me dirigí hacia él, el peso de mi cuerpo no existía era como una pelusa en el viento, me aproximaba, vi la sonrisa, cerré los ojos.
Mi habitación oscura y helada, mi cama tibia, la luz azul de la pantalla, la luz verde del celular, la puerta abierta del refrigerador alumbraba la casa, sola y tranquila, la alarma suena y abro los ojos nuevamente, en el techo hay como nubes de polvo con la forma de un hada, siluetas de un pasado fastuoso, la tierra a mi alrededor, vaya pesadilla, intentando eternamente escapar. El hada seguía inmóvil en el techo, y el claro de la mañana se aproximaba por la ventana, inundando mis pupilas, las lagrimas que jamás podría olvidar.
Tags:
blogspot,
cuentos,
gabysoyyo,
GCA,
malaventurados
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



