jueves, 2 de septiembre de 2010

El cuento sobre el perro fastidioso.

El perro fastidioso iba diario a mi hogar,
tumbaba el bote de basura y no dejaba de ladrar.
El perro fastidioso diario me hacia enojar,
pasaba por mi auto y lo comenzaba a patear.

Ese perro fastidioso a quien tanto maldije
ese mismo a quien con la escoba maltraté.
Ese perro fastidioso que en mi patio defecaba
ese mismo al que tantas veces arrastré.

Perro molesto, incómodo, irreverente, atroz.
Fue ese mismo el que me salvó de caer
fue el mismo que me salvó de desaparecer
el mismo perro que me ayudó a sobrevivir.

Y a su perdón con esta treta que me puso
la jaula de sus garras en mi entrepierna
como venganza a mis maltratos y desprecios
a consecuencia de mi falta de atención.

Vino a traerme alegría con desgracia
agredecer o reprochar pasó a sinónimo
en mi léxico contradiciendo su existir
ese perro fastidioso que no me deja ser.

Tóxico y nutritivo, dulce y suave, amargo
enfermizo perro tan astuto me ganó.
Pero somos ambos animales de este planeta,
yo también se vencer, perro fastidioso.

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